“El discurso, la grieta y el silencio opositor”. Escribe Pablo Pérez Paladino

La primera es institucional: el inicio formal del año legislativo y la presentación de la hoja de ruta del gobierno que ya se había empezado a conformar en las sesiones extraordinarias.
La segunda -más realista- es política: un nuevo capítulo en la estrategia de confrontación que el presidente utiliza para ordenar el escenario público.
Los datos de conversación digital analizados por Enter Comunicación ayudan a entender mejor lo que pasó.
El discurso generó 138.925 menciones en redes sociales, convirtiéndose en la apertura de sesiones con menor volumen de conversación desde que Milei es presidente, por debajo incluso de la del año pasado y muy lejos de las más de 239.000 menciones registradas en 2024.
A primera vista podría interpretarse como un menor impacto. Pero el análisis más fino muestra algo diferente: el control narrativo del debate.
La confrontación como método
El discurso estuvo atravesado por un tono de confrontación directa. No fue un mensaje pensado para persuadir a la oposición, sino para reforzar la identidad del propio electorado.
Las redes reflejaron ese clima.
El término más repetido durante la jornada fue “Kuka” con más de 22.000 menciones, seguido por varias chicanas presidenciales como “Chilindrina troska”, que incluso llegó al tercer lugar entre las tendencias de X.
El humor, el sarcasmo y la burla dominaron la conversación digital.
La política se expresó más como un show de stand-up partidario que como un debate de argumentos.
Y, paradójicamente, funcionó.
Según el informe de Enter, el 68,8% de las interacciones fueron positivas o de acompañamiento, impulsadas por la militancia digital oficialista que celebró cada chicana del presidente como un gol político.
El problema de la oposición
Pero el dato más interesante no está en el oficialismo, sino en la vereda de enfrente.
El ecosistema digital mostró una oposición prácticamente ausente, sin consignas coordinadas ni una narrativa capaz de disputar el sentido de la jornada.
El resultado fue una especie de zona liberada comunicacional.
Sin un relato opositor claro, el gobierno logró hegemonizar la conversación pública y amplificar su propia narrativa sobre el peronismo, la izquierda y sectores empresariales con los que mantiene conflicto político.
En otras palabras: el problema del oficialismo no fue el discurso.
El problema de la oposición fue no tener respuesta.
La política como espectáculo permanente
La apertura de sesiones dejó una confirmación que ya venimos viendo hace meses: la política argentina se está transformando.
El Congreso sigue siendo el escenario institucional.
Pero la batalla real se libra en el territorio digital, donde el gobierno demuestra una capacidad mucho mayor para marcar agenda.
Mientras la oposición discute si debe confrontar o moderarse, el oficialismo ya decidió su estrategia: radicalizar la identidad política y sostener el conflicto como motor narrativo.
No es un estilo improvisado.
Es un método.
Claves de lo que viene:
La confrontación seguirá siendo el eje de comunicación del gobierno. Lejos de moderarse, Milei parece decidido a profundizar ese camino.
El Congreso será el escenario de las reformas, pero no el centro de la discusión pública. La agenda seguirá dominada por la conversación digital.
La oposición enfrenta su principal desafío: construir una narrativa competitiva. Sin relato propio, el oficialismo seguirá monopolizando el debate.
*- Por Pablo Pérez Paladino
Consultor Político | Director de Enter Comunicación
Fuente: www.lavozdejujuy.com


